Avería dejó pasajeros varados y obligó a dividir la operación de la Línea 2; el servicio fue restablecido casi dos horas después
SANTO DOMINGO.- Una falla eléctrica registrada este martes en la subestación García Saleta provocó la interrupción temporal de un amplio tramo de la Línea 2 del Metro de Santo Domingo, una situación que volvió a colocar bajo escrutinio la capacidad de mantenimiento, prevención y respuesta ante averías de un sistema de transporte que este año ha continuado ampliando su cobertura.
La Empresa Metropolitana de Transporte (EMT) informó que la avería se produjo a las 6:47 de la tarde y ocasionó una pérdida de energía en la catenaria. Como medida preventiva, fue suspendido el servicio entre las estaciones Pedro Bonó y Ramón Cáceres, mientras los técnicos evaluaban el origen del problema. La institución no informó inicialmente qué provocó la falla ni si esta estaba relacionada con algún componente específico cuyo mantenimiento pudiera ser revisado.
Pasajeros enfrentaron dificultades en medio de las lluvias
La interrupción se produjo durante la hora de mayor movilidad de la tarde y dejó a cientos de pasajeros varados y obligó a la evacuación de usuarios de las estaciones afectadas. La situación se agravó por las lluvias que se registraban sobre el Distrito Nacional, con pasajeros buscando refugio en los alrededores de las estaciones para protegerse del agua.

Mientras se trabajaba en la reparación, la operación quedó dividida en dos segmentos: desde Pablo Adón hasta Pedro Bonó y desde Ramón Cáceres hasta Concepción Bona. Posteriormente, las autoridades incorporaron unidades de la OMSA para apoyar el traslado de los usuarios afectados, una respuesta que permitió mitigar parcialmente las dificultades provocadas por la interrupción.
El episodio abre interrogantes sobre prevención
Aunque una avería eléctrica puede producirse incluso en sistemas ferroviarios modernos, el incidente abre interrogantes que la administración del transporte deberá responder: ¿cuál fue exactamente la causa de la falla?, ¿cuándo fue inspeccionada por última vez la subestación García Saleta?, ¿qué protocolos de contingencia existen para responder durante las horas de mayor demanda? y ¿qué inversiones se realizan actualmente para evitar que una avería puntual afecte a un tramo tan importante del sistema?
Las preguntas adquieren relevancia en momentos en que el Gobierno ha presentado la expansión del transporte ferroviario como una de sus principales apuestas de infraestructura. En febrero pasado, el presidente Luis Abinader encabezó la puesta en marcha de la Línea 2C, extensión de 7.3 kilómetros hacia Los Alcarrizos, presentada oficialmente como una obra destinada a mejorar la movilidad urbana y beneficiar a más de un millón de habitantes.
El contraste entre expansión y mantenimiento
La nueva expansión ha colocado sobre la mesa no solamente el desafío de construir más kilómetros de infraestructura, sino también el de garantizar la conservación y confiabilidad de las líneas existentes. De hecho, en julio la propia EMT informó sobre trabajos de mantenimiento preventivo en la estación Gregorio Urbano Gilbert de la Línea 1, como parte de su programa de conservación de la infraestructura ferroviaria.
El servicio de la Línea 2 finalmente fue restablecido a las 8:38 de la noche, después de casi dos horas de interrupción. Como medida ante las molestias ocasionadas, la EMT dispuso que el servicio del Metro fuera gratuito durante el resto de la jornada y ofreció disculpas a los usuarios. Sin embargo, la institución mantiene bajo evaluación la causa específica de la avería, por lo que todavía queda pendiente conocer el informe técnico que explique qué ocurrió y qué medidas se adoptarán para evitar una situación similar.
El episodio, más allá de que el servicio haya sido recuperado, vuelve a poner sobre la mesa la necesidad de que las autoridades informen con transparencia sobre el estado de la infraestructura, los programas de mantenimiento y los protocolos de emergencia. Para los usuarios, la discusión no se limita a que el Metro vuelva a operar, sino a contar con un sistema que pueda responder de manera previsible y segura cuando se produzcan fallas en una red de transporte cada vez más determinante para la movilidad del Gran Santo Domingo.