LA PAZ (AP) — Policías y militares de Bolivia no lograron despejar el sábado la principal carretera de ingreso a La Paz debido a ataques con piedra y dinamita de manifestantes que mantienen tomada la ruta desde hace 23 días, lo que ha dejado a la ciudad desabastecida de alimentos, combustibles y otros suministros básicos.
El presidente centroderechista Rodrigo Paz es blanco de las duras protestas, las cuales han polarizado el país. En ellas se exige su renuncia ante la falta de respuestas a la crisis económica y la carestía de la vida tras seis meses de su gobierno.
El ministro de Obras Públicas, Mauricio Zamora, quien comanda el operativo denominado “corredor humanitario”, dijo que ordenó “retroceder para resguardar la vida” de los agentes tras una “emboscada”. En contacto con la televisora Unitel dijo que buscaba reencontrarse con la caravana tras los ataques.
Más temprano, Zamora declaró a la prensa que el operativo estaba logrando resultados a pesar de los “grupos violentos”. Sin embargo, en la afueras de La Paz, los manifestantes lograron frenar el avance de las fuerzas policiales.
Los manifestantes incendiaron dos vehículos: uno militar y otro que transportaba funcionarios, y saquearon un puesto de peaje en las afueras de La Paz, según informes policiales. Un agente resultó herido.

En algunos suburbios de la vecina ciudad de El Alto, los manifestantes lanzaban piedras y volvían a cortar la ruta tras el paso de las fuerzas policiales, que se abrieron paso con banderas blancas y gas lacrimógeno.
Se ha evitado la portación de armas letales con el fin de evitar bajas, las cuales agravarían el conflicto, según han dicho las autoridades.
“Hay grupos intransigentes que se resisten. Una mayoría de vecinos apoyan este contingente, que busca abrir un corredor humanitario”, afirmó el jefe policial Martín Gálvez.
No obstante, cientos de camiones y otros vehículos que habían estado varados por más de dos semanas lograron salir de la carretera, según los informes.
El obispo católico de El Alto Giovani Arana reconoció que la situación es complicada y tensa, y que los mediadores tienen la esperanza de poder “sentar en la mesa de negociaciones a las dos partes” este domingo. Hasta el momento no ha sido posible instalar negociaciones.
Paz dijo que dialogará con sectores que tienen reivindicaciones, pero no con quienes piden su renuncia, y anticipó reuniones el domingo para abrir un canal de negociación.
Asediada por las protestas, La Paz es el epicentro de la crisis social. La víspera, la capital política boliviana volvió a vivir una jornada de choques callejeros entre la policía y manifestantes encabezados por sindicatos campesinos, juntas de vecinos de El Alto y la Central Obrera Boliviana.
Desde Santa Cruz, en el oriente, organizaciones civiles y empresariales han pedido al gobierno mano firme para desbloquear las carreteras, que según la Cámara de Industrias han provocado más de 600 millones de dólares en pérdidas.
En La Paz, organizaciones ciudadanas también salen a las calles para rechazar las protestas. Miles de camiones están varados en las rutas bloqueadas en la capital política y otras ciudades.
El gobierno boliviano ha recibido el respaldo de Estados Unidos y de varios países del continente. La embajada estadounidense en La Paz informó el sábado que “está brindando asistencia alimentaria” a sectores afectados como un gesto de “solidaridad con el pueblo de Bolivia”.