SANTO DOMINGO. – El Gran Santo Domingo vive un notable resurgimiento del activismo civil. Tras seis años de quietud, la emblemática Plaza de la Bandera volvió a llenarse este jueves de pancartas y consignas.
Horas más tarde, a las 8:00 de la noche, el eco de los cacerolazos retumbó por cuarto día consecutivo en los balcones de la capital, consolidando una doble jornada de presión ciudadana contra las recientes reformas del Gobierno.
La indignación colectiva, detonada por el rechazo a la reforma fiscal y a las modificaciones del Código Penal (catalogadas como «ley mordaza»), unió en un solo reclamo a diversos estratos sociales.
Mientras los manifestantes presenciales desafiaban las lluvias de la tarde frente al Tribunal Constitucional, residentes de sectores de clase media y de los barrios populares del Distrito Nacional coordinaron un ruidoso reclamo nocturno utilizando ollas y sartenes desde sus hogares.
El respaldo a la movilización se extendió rápidamente a las principales vías de la ciudad. Choferes de carros públicos, vehículos particulares y motociclistas se sumaron de forma espontánea tocando sus bocinas en apoyo a los cacerolazos, transformando el tránsito en un termómetro del descontento social ante el alto costo de la vida.

Con esta intensa jornada, la ciudadanía de Santo Domingo envía un mensaje contundente al Poder Ejecutivo, demostrando que los métodos de protesta pacífica siguen vigentes y con alta capacidad de convocatoria en el país.