Feminicidio y educación

EDITORIAL

Nada podrá detener los feminicidios, sino se comienza a realizar una tarea de prevención que tiene que partir desde el hogar y la escuela. En el mejor de los casos, se va a tender la plataforma para que dentro de diez años o veinte años, haya una nueva mentalidad entre los jóvenes y adultos dominicanos.

Es irreal y fantasioso pensar que los feminicidios se van a terminar con decretos, penas de cárcel ampliadas, sanciones disciplinarias, o cualquier otra medida. Hay que pensar en la restauración de la educación en el hogar, y que la escuela cumpla su papel de forjar a los futuros adultos.

La sociedad actual lastrada por el machismo y los cambios experimentados en la conducta de las mujeres, hacen casi imposible que se puedan controlar los feminicidios. Es un problema que nace entre sabanas, y termina en el  hospital o el cementerio.

Si desde el hogar, no se comienza a trabajar con la enseñanza al respeto de la vida, será difícil que no se continúe aumentando el número de víctimas.

Hay que tomar en cuenta que hoy hay miles de hogares divididos, encabezados por madres solteras, que buscando honradamente el pan diario,  no tienen tiempo para educar a sus hijos.

La escuela es un campo de batalla. Los estudiantes se van entre sí a los puñetazos. Los varones y las hembras se irrespetan. Los profesores tienen gran temor de estudiantes violentos.

En muchas escuelas hay que revisar las mochilas de los  estudiantes, porque llevan cuchillos y hasta armas de fuego.

Con los feminicidios hay que ampliar las medidas de prevención. Hay que reeducar a los adultos. Hay que ir al psicólogo. Hay que crear más  casas de refugio, para que allí se proteja a las mujeres que temen a sus parejas violentas.

Hay que educar a la población sobre la primera agresión. Casi nunca el crimen pasional viene en la primera agresión. Siguiendo las crónicas de los feminicidios, es fácil ver a mujeres que en múltiples ocasiones han sido agredidas.

Las autoridades tienen que actuar ante simples denuncias  de violencia, que pueden ser hechas por vecinos o familiares.

El circulo pasional y de terror de muchas mujeres las lleva a soportar las humillaciones y los golpes sin ir a las autoridades.

Pero no se puede pasar por alto que en la casi totalidad de los feminicidios, el hombre se mata luego de asesinar a su pareja o ex-compañera. Hoy no hay solución para los feminicidios. Pero no nos podemos cruzar de brazos.

Comencemos con la educación infantil,  las casas de protección a mujeres en peligro y la detención de los abusadores en la primera agresión, para evitar que llegue  cometer crimen.

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