Por GABRIELA AOUN ANGUEIRA
TIJUANA, México (AP) — A menos de 240 kilómetros del estadio de Los Ángeles, sede de la Copa Mundial, se encuentra el hotel que aloja a la selección iraní.
La entrada al Marriott de Tijuana está bloqueada y custodiada por policías y miembros de la Guardia Nacional Mexicana, quienes portan armas. Nadie puede entrar sin una reserva de hotel o un pase especial.
A pesar de las tensiones y los desafíos que rodean la participación de Irán en el Mundial, la madrugada del sábado se respiraba un ambiente relajado, incluso de júbilo, en el hotel de cuatro estrellas.
Varias decenas de aficionados conversaban animadamente, compartiendo la emoción de ver a los jugadores de la selección antes de que partieran para su segundo partido de la fase de grupos.

“Quería venir a apoyar al fútbol iraní, animarlos cuando salieran del estadio y hacerlos felices”, dice Lucas Zarrabi, de 13 años. El adolescente, que asistió al empate 2-2 del lunes contra Nueva Zelanda y tiene una entrada para el partido del domingo contra Bélgica, es uno de los varios aficionados de Los Ángeles que viajaron hasta allí para alojarse con el equipo. Otros volaron desde San José, California, e incluso Miami, y se presentaron en el hotel a menos de 6 kilómetros del puesto fronterizo.
La presencia es importante, según algunos, debido a las condiciones injustas impuestas al equipo. Tras el estallido de la guerra, el equipo iraní se vio obligado a trasladar su campamento base de Tucson, Arizona, a Tijuana.
Once miembros del cuerpo técnico y del personal no recibieron visas estadounidenses. Estados Unidos también ha denegado las solicitudes de Irán para llegar dos días antes de los partidos y ha exigido que el equipo se retire inmediatamente después del encuentro.
“Cada pequeño detalle técnico está dificultando las cosas para el equipo”, dice Abbas Eftekhari, de 65 años, nacido en Irán y residente en Estados Unidos desde hace más de 40 años. “Creo que esto los agotará tanto psicológica como físicamente”.
La federación iraní de fútbol se ha manifestado enérgicamente sobre los obstáculos, afirmando que presentará una queja ante la FIFA.
“El fútbol no debe perder su poder a causa de la política”, declaró el viernes Hedayat Mombeini, secretario general de la Federación Iraní de Fútbol. Añadió que las restricciones “sin duda nos afectan negativamente, pero estamos intentando superar estos problemas con nuestro orgullo iraní”.
Desde que el equipo aterrizó el 7 de junio, Ali Eslami ha visitado la entrada del hotel casi a diario.
“Es un gran placer para mí. Les deseé la mejor de las suertes, les dije que es difícil, pero que están haciendo un trabajo excelente”, dijo Eslami, quien divide su tiempo entre el sur de California y Tijuana.
Estuvo allí de nuevo el viernes, esperando a que los jugadores regresaran del entrenamiento de la tarde, que se realizaba a pocas cuadras de distancia, en el Estadio Caliente, sede de los Xolos de la Liga MX.
“Llevo 50 años en Estados Unidos, y esto ha sido lo más emotivo: ver al equipo al que no veía desde hace 50 años”, dijo.
Algunos aficionados iraníes temen represalias de otros miembros de la diáspora por apoyar al equipo, insistiendo en que estaban en Tijuana por amor al fútbol y a los jugadores, no por política. Eftekhari teme que el ambiente vivido en el primer partido de Irán, donde se produjeron enfrentamientos entre aficionados y manifestantes, haya afectado a los jugadores.
“En cuanto ven que sus compatriotas corean consignas en su contra, esto también les afecta psicológicamente de forma negativa. Pero así son las cosas en estos momentos”, afirma Eftekhari.
A poco más de 24 horas del inicio del partido del domingo al mediodía, no son solo los aficionados iraníes quienes contribuyen al ambiente. Un grupo de auxiliares de vuelo de China, hospedados en el hotel, se contagian de la emoción, luciendo gorros de bufón y ondeando bufandas rojas, blancas y verdes.
Además, los aficionados al fútbol de Tijuana están ansiosos por mostrar su hospitalidad local. Irán mantiene relaciones diplomáticas con México, a diferencia de Estados Unidos, y había solicitado trasladar sus partidos de la fase de grupos al país donde tiene una embajada.
“Queremos mucho al pueblo mexicano y, para nosotros, la mejor situación es que nuestros juegos se celebren en México”, dijo en aquel momento Abolfazl Pasandideh, el embajador iraní en México.
Leonardo Ramírez López, un niño de 10 años aficionado al fútbol originario de Tijuana, sostiene su álbum de autógrafos con la esperanza de conseguir nuevas firmas.
“Es un equipo nuevo y no tengo experiencia con su estilo de juego”, dice. Pero Irán ya es su tercer equipo favorito, después de Colombia y Argentina.
Tras más de dos horas de espera, decenas de aficionados estallan en vítores cuando los jugadores finalmente salen al vestíbulo. El equipo sonríe y saluda, deteniéndose para firmar algunos autógrafos. Al salir, cada jugador besa un Corán, apoyando la frente contra él antes de abordar el autobús hacia el aeropuerto de Tijuana.
“¡Irán, Irán! ¡Whoop, whoop!”, gritan los fanáticos, rompiendo a cantar.