Por Felipe Lora Longo
La República Dominicana se encamina hacia un escenario de alta tensión social. Lo que comenzó como un pliego de demandas sociales y económicas postergadas por más de cinco años ha colisionado con una crisis geopolítica internacional que ha llevado al Gobierno de Luis Abinader a solicitar un «sacrificio» que el movimiento popular ya no está dispuesto a dar.
El detonante: Geopolítica y el costo del «sacrificio»
El reciente respaldo del presidente Luis Abinader a las acciones de la administración de Donald Trump, calificadas por diversos sectores internacionales como una «guerra ilegal» contra Irán, ha tenido un impacto directo e inmediato en la economía doméstica.
El aumento global de los precios del petróleo y las materias primas sirvió de base para que, el pasado 22 de marzo, Abinader llamara a la población a prepararse para tiempos de austeridad y sacrificio.

Sin embargo, para la Coordinadora Popular Nacional (CPN), este llamado es la gota que colmó el vaso.
El movimiento argumenta que el país se ve arrastrado a pagar las consecuencias de una política exterior alineada con intereses bélicos ajenos, mientras las necesidades internas básicas siguen en el olvido.
Cinco años de promesas incumplidas
El descontento no es nuevo. La CPN ha denunciado que sus demandas —que incluyen la rebaja de la canasta básica, la revisión de la Ley de Hidrocarburos, la mejora de los servicios de salud y el cumplimiento de promesas de campaña— han sido ignoradas sistemáticamente durante los últimos cinco años.
«No se puede pedir sacrificio a un pueblo que lleva un lustro esperando respuestas simples a problemas vitales», señaló el Licenciado Héctor Turbí, vocero del movimiento. La desconexión entre el gasto público en publicidad y salarios de lujo frente a la precariedad en los barrios ha alimentado un sentimiento de injusticia que hoy desborda los canales de diálogo tradicionales.
Hacia el #27deAbril: El Día de la Rebeldía Nacional
Mucho antes de que la crisis con Irán estallara, la VI Asamblea de la Coordinadora Popular Nacional ya había marcado una fecha en el calendario: el 27 de abril.
Declarada como el Día de la Rebeldía Nacional, esta jornada no es una protesta aislada, sino el punto culminante de un plan de lucha escalonado.
El cronograma de la escalada: Movilizaciones locales: Durante las primeras semanas de abril, se están realizando encendidos de velas y paros relámpago en sectores populares de Santiago y Santo Domingo.
7 de abril: Día Mundial de la Salud. Marcha hacia el Ministerio de Salud para exigir soluciones a la profunda crisis del sistema de salud.
13 de abril: Rueda de prensa de la Coordinadora Popular Nacional para anunciar todas las acciones que ocurrirán, en forma coordinada, el 27 de abril, Día Nacional de Rebeldía
27 de abril: El Día de la Rebeldía Nacional, donde se espera un paro nacional de labores y concentraciones masivas en todo el país.
Un pueblo en la calle
La incorporación de ciudadanos que anteriormente se mantenían al margen parece ser la tendencia.
El aumento descontrolado de la tarifa eléctrica y el costo de los alimentos, sumado a la percepción de que el país se involucra en conflictos externos de alto costo, está empujando a la clase media a sumarse a las acciones preparadas por el movimiento popular.
A medida que se acerca el 27 de abril, la pregunta para el Palacio Nacional ya no es si habrá protestas, sino si el Gobierno tendrá la capacidad de ofrecer soluciones reales antes de que la «#RebeldíaNacional» se convierta en un punto de no retorno para la estabilidad social del país.