La crisis del combustible, la austeridad selectiva y un gobierno que ignora al pueblo desde el primer día –hasta que el pueblo decide no ser ignorado más
Por Felipe Lora Longo
La República Dominicana entra en una fase delicada. No se trata de una percepción exagerada ni de un discurso alarmista: los signos de agotamiento económico y social comienzan a alinearse de manera preocupante. El mes de marzo de 2026 quedará grabado en la memoria popular como el mes en que la hipocresía del poder se desnudó sin pudor.
Mientras el precio de la gasolina saltaba quince pesos en diez días —el mayor aumento desde 2022, rompiendo 38 semanas de congelación— el presidente Luis Abinader recorría tres continentes en lo que su propio aparato de prensa llama la mayor ofensiva diplomática de la República Dominicana.
Digámoslo claro: no fue diplomacia. Fue obediencia.

I. El Itinerario de la Sumisión
El 7 de marzo, Abinader se presentó en Miami a la cumbre convocada por Donald Trump, bautizada Escudo de las Américas -apenas una semana después de que Washington y Tel Aviv lanzaran sus bombardeos contra Irán mientras Teherán negociaba de buena fe con los inspectores del OIEA.
Del 10 al 12 de marzo voló a Chile, a la toma de posesión del ultraderechista José Antonio Kast —el heredero político del pinochetismo, la derecha más regresiva del continente. El cierre fue en París, los días 24 y 25, ante Macrón en el Palacio del Eliseo.
Ese es el triángulo que define la política exterior de Abinader: Washington, el pinochetismo chileno y París. El eje imperial en su versión más actualizada. Mientras el pueblo dominicano buscaba cómo llegar a fin de mes.
Y como si todo eso no bastara, el gobierno remató la semana con una decisión que resume su filosofía con claridad brutal: la Dirección de Prensa de la Presidencia anunció la suspensión del desfile cívico-militar del 30 de marzo en Santiago —la conmemoración de la Batalla de 1844, uno de los combates con los que los dominicanos sellaron su independencia con sangre— invocando austeridad.
Austeridad para honrar a los héroes. No austeridad para las giras presidenciales. No austeridad para los sueldos de dos millones de pesos de los altos funcionarios. No austeridad para la fiesta de 16 millones del Ministerio de Trabajo. No austeridad para el subsidio a la Barrick Gold y los hoteles de Punta Cana.
Nuestros muertos de 1844 merecen menos que un coctel en Punta Cana. Eso es lo que dice, sin decirlo, este gobierno.
II. La Guerra que Pagamos Sin Haberla Declarado
La guerra que Estados Unidos e Israel lanzaron contra Irán el 28 de febrero de 2026 no es un problema lejano. Es un problema que se mide en pesos dominicanos, en la factura del gas, en el kilo de arroz, en el pasaje del carro público.
El barril de crudo, que comenzó el año por debajo de los 60 dólares, subió hasta cerca de los 110 dólares como consecuencia directa del cierre del Estrecho de Ormuz y los ataques a instalaciones energéticas iraníes. Para un país que no produce ni una gota de petróleo, eso se siente, y se siente primero en los sectores más vulnerables.
El propio gobierno reconoció que el presupuesto de 2026 fue elaborado con un barril a 65 dólares. Esa diferencia de 45 dólares por barril no la absorbe Wall Street. La absorbe la familia del barrio, el taxista, la señora del mercado, el obrero de la construcción. El Estado ya gastó más de 4,000 millones de pesos en subsidios de combustible en pocas semanas -no porque quiera proteger al pueblo, sino porque teme su reacción.
El alineamiento automático con intereses extranjeros ha reducido el margen de maniobra nacional. La subordinación a dinámicas geopolíticas ajenas —más cercanas a los intereses de corporaciones transnacionales que a las necesidades del pueblo dominicano— ha colocado al país en una posición de vulnerabilidad estructural. No estamos ante un fenómeno natural. Estamos ante una crisis inducida, en parte, por decisiones políticas concretas.
No se puede usar un problema internacional como excusa para cargarle la factura al pueblo dominicano.
En ese contexto, el mensaje reciente del presidente marcó un punto de inflexión. Ante una crisis ya imposible de ocultar, el mandatario apeló a la nación con un llamado a sacrificios compartidos. La frase, en apariencia conciliadora, buscaba transmitir unidad frente a la adversidad.
Sin embargo, en la práctica, abrió una brecha de interpretación: mientras el gobierno la presentó como un ejercicio de responsabilidad colectiva, amplios sectores sociales la percibieron como una transferencia desigual de la carga de la crisis.
Porque en política, el sacrificio solo es compartido cuando se siente como tal. Y hoy, para muchos dominicanos, ese equilibrio no es evidente.
El país no necesita retórica de sacrificio compartido. Necesita que el sacrificio empiece, por una vez, desde arriba.
III. Cinco Años de Sordera
El pueblo dominicano no tiene memoria corta. Recuerda que el 13 de agosto de 2021, la Coordinadora Popular Nacional se reunió con el presidente Abinader y le entregó un pliego de nueve demandas populares concretas. Recuerda que ese pliego durmió el sueño de los justos durante casi cinco años. Recuerda cada marcha ignorada, cada huelga minimizada, cada denuncia archivada.
Cuando el costo de la vida supera la capacidad de sobrevivir dignamente, la estabilidad social entra en tensión. Las señales están ahi:
- Creciente malestar en comunidades y barrios populares
- Movilizaciones sostenidas en distintos puntos del país
- Pérdida acelerada de confianza en las instituciones
- Sensación generalizada de abandono y traición
Juan Bosch lo advirtió con claridad meridiana: una crisis económica lleva a una crisis social, y esta última lleva a una crisis política. Abinader debería haberlo leído antes de subirse al avión.
IV. Una República que Camina Aunque el Gobierno no Escuche
Porque mientras Abinader viajaba y el pueblo pagaba, las calles dominicanas contaban otra historia. Una historia de resistencia sostenida, territorial y en crecimiento.
El 22 de febrero, en vísperas del 182 aniversario de la Independencia Nacional, el Movimiento de Izquierda, la Coordinadora Popular Nacional y organizaciones aliadas convocaron una Marcha Nacional por la Soberanía que partió desde la Plazoleta La Trinitaria hasta el Parque Independencia -donde la estatua del coronel Francisco Alberto Caamaño, símbolo vivo de la resistencia antiimperialista dominicana, recibió a miles de dominicanos con una sola voz: Fuera yanquis de Quisqueya y el Caribe.
El 22 de marzo, Día Mundial del Agua, miles de habitantes de San Juan de la Maguana marcharon exigiendo al gobierno que no permita las operaciones de la GoldQuest Mining. Agua si, oro no. El agua es un tesoro que vale más que el oro. Simultáneamente en Cotuí, la resistencia contra la Barrick Gold continuó -organizaciones sociales, colectivos ambientalistas, partidos de izquierda y la CPN marcharon juntos exigiendo la salida de la minera y denunciando que una provincia que produce el oro de la nación figura entre las diez más pobres del país.
El 24 de marzo fue Santiago la que habló. Organizaciones comunitarias, religiosas, ambientales y representantes de la sociedad civil realizaron su cuarta marcha consecutiva para rechazar la explotación minera en la Cordillera Septentrional.
El padre Nino Ramos y sus sacerdotes marcharon a pie por el centro de la ciudad —acordes, irónicamente, con el llamado del propio gobierno al ahorro de combustibles— exigiendo que el Ministerio de Energía y Minas firme públicamente un compromiso de desistir de los contratos de exploración en la montaña.
En los barrios populares del Gran Santo Domingo, la rabia tomó otras formas: gomas encendidas, cierres de calles, asambleas de emergencia. La indignación que no alcanza a ser marcha organizada se expresa igual -y también le manda un mensaje al Palacio.
V. Aún Hay Tiempo: Lo que el Gobierno Debe Hacer
El presidente tiene todavía margen para actuar. Pero ese margen no es indefinido. Desde el campo popular se han planteado propuestas claras:
- Proteger a la población del impacto inmediato
- Congelar y reducir los precios de los combustibles
- Implementar subsidios directos a la canasta básica
- Establecer controles temporales de precios en productos esenciales
- Reordenar las prioridades del Estado
- Declarar un estado de emergencia social
- Suspender temporalmente el pago de la deuda externa
- Eliminar privilegios fiscales y subvenciones a grandes intereses económicos
- Suprimir mecanismos discrecionales como el barrilito y el cofrecito
- Recuperar la capacidad de protección social
- Fortalecer el sistema de salud pública
- Garantizar acceso a servicios básicos: agua, electricidad y transporte
- Implementar un plan de vivienda digna de emergencia
- Corregir el rumbo estructural
- Auditar la deuda pública con transparencia total
- Frenar los proyectos que destruyen el medio ambiente y las fuentes de agua
- Detener los procesos de privatización encubierta
- Avanzar hacia un modelo económico basado en derechos, no en concesiones
El momento actual no se resuelve con explicaciones técnicas ni con discursos tranquilizadores. Se resuelve con una decisión política: definir de qué lado está el gobierno. O se gobierna para proteger a la mayoría, o se continúa administrando un modelo que concentra beneficios y socializa pérdidas. No hay punto intermedio sostenible.
VI. El Calendario de la Rebeldía: Abril como Punto de Inflexión
Ese río de lucha no se detiene. Se organiza. Tiene fechas. El movimiento popular dominicano ha trazado un calendario de movilizaciones escalonadas que culmina en lo que ya se convoca como el Día Nacional de la Rebeldía: el 27 de abril de 2026.
Las jornadas del 7, el 13 y el 24 de abril no son preámbulos -son escalones. Cada actividad alimenta la siguiente, cada plaza tomada prepara la próxima, cada consigna coreada suma voz a una sola exigencia: que este gobierno rinda cuentas.
El 27 de abril no es una fecha inventada. Es la memoria histórica del pueblo dominicano convertida en acción presente. Es la respuesta organizada a cinco años de sordera gubernamental, al alza de los combustibles, a la entrega de las montañas a las mineras, a la presencia militar extranjera en suelo dominicano, y a un presidente que abraza a Trump mientras suspende el desfile de los héroes del 30 de marzo.
La convocatoria al 27 de abril no surge del vacío. Es el resultado de años de demandas ignoradas, de promesas incumplidas y de una realidad que se hace cada vez más difícil de sostener. El gobierno aún puede evitar que esa jornada sea el inicio de un ciclo más amplio de conflictividad. Pero para hacerlo necesita algo más que voluntad de diálogo. Necesita actuar.
El pueblo ya decidió moverse. La pregunta es si el gobierno tendrá la inteligencia política de escuchar —o si preferirá seguir gestionando una crisis que el mismo contribuyó a crear.
Cierre: La Factura del Imperio la Paga el Pueblo
La cancelación de una parada militar puede ser un gesto de austeridad. Pero la verdadera prueba no está en lo que se recorta hacia arriba, sino en lo que se protege hacia abajo.
Luis Abinader puede llamar ofensiva diplomática a sus viajes. Puede reunirse con Trump, con Kast, con Macrón. Puede suspender desfiles patrióticos mientras inaugura canchas con la cámara apuntándole. Puede pedir sacrificios con cara de estadista. Pero los hechos son tercos: cada vez que Washington aprieta el gatillo en el Golfo Pérsico, el dominicano de a pie paga más por el gas, más por la comida, más por el transporte.
Eso no es un problema externo. Es el resultado de una política de alineamiento incondicional con el Imperio —la misma política que Abinader viene ejecutando desde el primer día de su gobierno, con o sin crisis en el Golfo Pérsico.
La pregunta que debe responder el pueblo dominicano no es cuánto va a costar la gasolina la próxima semana. La pregunta es hasta cuándo va a pagar la factura de quienes mandan —y cuando va a exigir, organizado y en las calles, que la paguen los que la deben.
Porque cuando la crisis golpea, no todos la sienten igual.
Y la historia, siempre, termina juzgando de qué lado estuvo el poder.
El 27 de abril tiene algo que decir al respecto.
Felipe Lora Longo
Felipe@lora.org