Dice que la lucha ética exige pruebas, responsabilidad y respeto al debido proceso
La lucha contra la corrupción no admite tibiezas, pero tampoco improvisaciones. En una reflexión centrada en los dilemas éticos y sociales que rodean las denuncias públicas, Rafael Menoscal Reynoso planteó que todo ciudadano formado en valores tiene el deber moral de enfrentar cualquier manifestación de corrupción, “provenga de donde provenga”, sin privilegios ni selectividad.
El señalamiento parte de una premisa clara: la corrupción no es un delito abstracto ni una falta administrativa aislada, es un mecanismo que drena recursos esenciales del Estado y que termina afectando de manera directa a la población más vulnerable.
Para Menoscal, cada peso desviado es un aula que no se construye, un medicamento que no llega, una vida que pudo haberse salvado en un hospital público».
Sin embargo, advierte que el combate a este flagelo exige también responsabilidad y cautela. Considera que en medio de la indignación social que despiertan los escándalos, pueden infiltrarse intereses oscuros que instrumentalizan la denuncia para destruir reputaciones mediante relatos maliciosos o acusaciones sin sustento.

«En ese terreno resbaladizo, los medios de comunicación —y con mayor intensidad las redes sociales— pueden transformarse en escenarios de condena anticipada. Personas señaladas de forma interesada quedan expuestas al escarnio público sin que medie investigación ni derecho a defensa, en una suerte de patíbulo moderno donde la sentencia social precede a cualquier veredicto judicial», asegura el veterano periodista.
Menoscal subraya que el rumor no equivale a verdad, ya que detrás de determinadas campañas de descrédito pueden moverse rivalidades políticas, disputas económicas o vendettas personales.
Advierte que en esa ruta la manipulación de la opinión pública termina siendo otra forma de violencia, que erosiona la credibilidad institucional y contamina el debate democrático.
Por ello, insiste en que la respuesta responsable frente a cualquier denuncia debe ser la investigación rigurosa, independiente y apegada al debido proceso. Solo así puede garantizarse una justicia real, capaz de sancionar a los culpables y, al mismo tiempo, proteger a los inocentes de acusaciones infundadas.
La advertencia traza un equilibrio delicado pero imprescindible: combatir la corrupción con firmeza, sin convertir la indignación legítima en herramienta de persecución o espectáculo.
Como cada semana, estas reflexiones de Rafael Menoscal Reynoso se difunden a través de tres emisiones diarias de Teleradio América, del programa interactivo El Rumbo de la Tarde y del periódico Panorama, espacios donde su análisis se mantiene como una voz constante en el debate público nacional sobre ética, justicia e institucionalidad.