Nuestra Señora de la Altagracia o Virgen de la Altagracia es una advocación mariana conocida por ser la protectora del pueblo dominicano.
Su festividad es el 21 de enero, día no laborable en la República Dominicana en el que muchos fieles devotos de la Virgen concurren desde toda la región de Latinoamérica a su santuario en la basílica-catedral de Nuestra Señora de la Altagracia, en Higüey, provincia La Altagracia.
También se destaca su devoción en la diáspora dominicana, como en la ciudad de Nueva York, donde su fiesta patronal es también el inicio del Mes de la Herencia Dominicana.
Esta advocación tiene su origen en Extremadura, España. En dos poblados extremeños se venera la Virgen de la Altagracia, cada uno con su propia tradición y ermita: Garrovillas de Alconétar, provincia de Cáceres, y Siruela, provincia Badajoz.
Narra la tradición medieval de Garrovillas, que una humilde pastorcilla apacentaba sus ganados en la dehesa de Villoluengo, cuando vio sobre una peña una esbelta figura de mujer, cubierta de negro manto y aureola brillante en su hermosa testa coronada, deslizando entre sus divinos dedos las cuentas de un magnífico rosario.

La imagen, sólo visible para la niña, jamás pudo ser observada por sus padres; pero ante las reiteradas manifestaciones de aquella, excavaron bajo la peña, encontrando la imagen que hoy se venera con el título de Nuestra Señora de la Alta Gracia.
Llegada a La Española
A principios del siglo XVI, la imagen fue introducida en La Española por los hermanos Alonso y Antonio de Trejo, quienes provenían de Plasencia, localidad de la comunidad autónoma de Extremadura, España, con familia en Garrovillas de Alconétar, y que, notando ciertos milagros que dicha imagen había realizado con ellos, la colocaron para su más amplia veneración en la iglesia parroquial de Higüey, donde ellos residían.[5]
El canónigo Luis Gerónimo de Alcocer de Ocampo escribió acerca de la llegada de la Virgen a la colonia. En su Relación Sumaria de la Isla Española de 1650, de Alcocer dice lo siguiente:
«La imagen milagrosa de nuestra Señora de Altagracia está en la villa de Higüey, como treinta leguas de la Ciudad de Santo Domingo; son innumerables las misericordias que Dios Nuestro Señor ha obrado y cada día obra con los que se encomiendan a su Santa imagen: consta que la trajeron a esta isla dos hidalgos naturales de Plasencia en Extremadura, nombrados Alonso y Antonio de Trejo que fueron de los primeros pobladores cristianos de esta isla, personas nobles como consta de una cédula del Rey Don Felipe Primero, año de 1506, en que encomienda al Gobernador de esta isla que los acomode».
Luis Gerónimo de Alcocer de Ocampo
Coronación canónica
En el siglo XX la imagen de Nuestra Señora de la Altagracia fue coronada dos veces: durante el pontificado del papa Pío XI y personalmente por el papa Juan Pablo II.
Su primera coronación fue el 15 de agosto de 1922, en la Puerta del Conde. Habiendo obtenido el permiso previamente del papa Benedicto XV de parte de Mons. Adolfo Alejandro Nouel, fue el recién elegido papa Pío XI quien envió como su representante a Mons. Sebastián Leite de Vasconcellos, arzobispo titular de Damietta, conde romano y figura eminente del episcopado portugués.
Para la ocasión, la imagen fue trasladada desde su santuario original en la parroquia San Dionisio y fue enmarcada en oro y adornada con piedras preciosas y coronada con una corona elaborada en el taller de orfebrería de José Oliva, modelada por el gran artista dominicano Abelardo Rodríguez Urdaneta.
Durante su primera visita al país el 25 de enero de 1979, el papa Juan Pablo II bendijo la basílica-catedral de Nuestra Señora de la Altagracia, y en su segunda visita el 12 de octubre de 1992, coronó personalmente a la imagen con una diadema de plata sobredorada.
El 15 de agosto de 2022, le fue entregada una Rosa de Oro enviada por el papa Francisco en las celebraciones de clausura del centenario de su coronación canónica.
Festividad
El peregrinaje y celebración de la festividad de Nuestra Señora de la Altagracia data del período colonial.
Algunos historiadores afirman que la fiesta oficial es el 21 de enero porque en ese día de 1691 se llevó a cabo la Batalla de Sabana Real en la parte este de la isla de Santo Domingo, donde el ejército español derrotó al ejército francés.
La victoria sobre los franceses fue atribuida a su intercesión, como lo indica un documento firmado por el arzobispo fray Isidoro Rodríguez Lorenzo (1767-1788), en el que aprueba la celebración del 21 de enero cada año:
Ese día en 1691, las tropas criollas obtuvieron una victoria frente a las tropas francesas, que venían por el noroeste, desde el territorio que hoy corresponde a Haití.
El triunfo se le atribuye a la intercesión de la Altagracia, a quien se le hizo el voto de celebrarle una gran fiesta si los criollos regresaban sanos y salvos. El voto se cumplió en 1692 y la fiesta permaneció y creció hasta nuestros días.
Por tanto […] mandamos al Cura de la referida villa de Higüey, que en lo sucesivo no permita, por ningún caso ni pretexto, el que las fiestas de Nuestra Señora de Altagracia se comiencen antes o después del expresado día 21 de enero, por ser nuestra voluntad que sea precisamente en éste, señalándola desde ahora para siempre. Y usando de las facultades que para ello tenemos, le hacemos día de fiesta de tres cruces en aquella villa y su jurisdicción.
Fray Isidoro Rodríguez Lorenzo
Durante su gestión como arzobispo de Santo Domingo, Mons. Fernando Arturo de Meriño (1885-1906) solicitó a la Santa Sede la concesión de un Oficio Divino y Misa Propia para el día de la Virgen de la Altagracia suplicando, además, que fuese fiesta de precepto el 21 de enero.
En 1924 el Congreso de la República Dominicana decretó la celebración de Nuestra Señora de la Altagracia como fiesta nacional el día 21 de enero. El 31 de octubre de 1927, el papa Pío XI la declaró festividad de la Iglesia a través de un breve apostólico.
Seguir ampliando en Wikipedia