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Los caudillos y la libertad

EDITORIAL

 El 20 fue el siglo de los grandes caudillos de la República Dominicana. Todo hombre es producto de sus circunstancias históricas. No está fuera de las reglas exógenas que le circundan. La lucha por el poder es la constante de los líderes predestinados. Unos triunfaron y otros se quedaron a medias.

Analizados al día de hoy, todos fueron parte de los deseos de redención, de los miedos y de la inconsistencia de la población.

En el caso de Trujillo, a los dictadores no les lleva al poder solo las botas y el fusil, sino que con su verbo demagógico cambian la libertad por la represión una falsa tranquilidad y el pan diario.

Como lo vimos en la segunda parte del siglo 20, otros  se lanzaron a la lucha buscando reivindicaciones sociales, ampliar  las libertades públicas, y que hubiere un mejor futuro para todos los dominicanos.

Los últimos tres grandes caudillos de la política dominicana surgieron en la segunda mitad del siglo 20, luego del ajusticiamiento de Rafael Leónidas Trujillo Molina. Con distinto accionar, gravitaron en los acontecimientos más importantes ocurridos en el país desde el 1963.

Juan Bosch, José Francisco Peña Gómez y Joaquín Balaguer normaron la vida política nacional por décadas. Hoy, están presentes en el accionar social de miles de personas, aunque los partidos que dirigieron se hayan apartado de sus pensamientos.

Bosch llegó al país luego de la muerte de Trujillo para llevar un mensaje de redención, de paz, de borrón y cuenta nueva, que le permitió ganar las elecciones y establecer las bases de un gobierno democrático, que por desgracia para los dominicanos  solo duró siete meses.

Mientras que Peña Gómez fue el indiscutible rey de las masas irredentas, con su verbo florido, su voz de trueno y su lucha frontal contra el doctor Balaguer. Fue el encargado de llamar al pueblo a lanzarse a las calles el 24 de abril de 1965, para dar inicio a lo que terminaría como Guerra Patria enfrentando a la intervención militar norteamericana.

La fragilidad de la democracia dominicana se puso a prueba en la era del caudillismo cuando dos hombres ocuparon el poder por más de 50 años. Trujillo y Balaguer se eternizaron en el Palacio Nacional y solo salieron, en el caso de Trujillo, por la acción del plomo, y de Balaguer, por su edad y sus enfermedades.

Trujillo, se quiera  o no, sobresalió con un baño de sangre  ante el desorden de las montoneras y los gobiernos débiles que tenía el país en los primeros 30 años del pasado siglo. Fue impuesto por la primera intervención militar norteamericana, pero sustentó su poder en los sectores más desamparados de la población que vendieron su libertad a cambio de pan y una tranquilidad ficticia.

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