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La voz de la Embajadora

EDITORIAL

La embajadora norteamericana tiene un fino lenguaje, muy diplomática, siempre en actividades deportivas y sociales, pero nadie se equivoque, es la representante de los Estados Unidos.

Un guante de seda perfumado, para esconder un puño de hierro.

En su reciente discurso ante la Cámara Americana de Comercio fijó bien claro la posición de los norteamericanos ante la situación económica y política de la República Dominicana.

Lo dijo en forma tan sutil, como si fuera una maestra de un jardín de infantes, que casi nadie le dio importancia.

Si buscamos a fondo lo dicho por la Embajadora, vemos el disgusto del Norte con el sendero que sigue la economía nacional.

Los empresarios norteamericanos no tienen confianza en las reglas de juego del país. Desde luego es algo que rechazamos, así como cualquier intervención económica, política y social de los Estados Unidos.

En su discurso presenta al país como un reducto donde los inversionistas extranjeros no saben qué pasos dar, donde los caminos están estrechos o cerrados, y en ocasiones, donde los capitalistas prefieren ir a otro lado.

Ese disgusto está relacionado con los coqueteos dominicanos con China.

Los norteamericanos no perdonan que se establezcan firmes relaciones comerciales con China, y le jalan las orejas a los gobernantes dominicanos.

Lo dice con una voz suave, pero que presenta conclusiones que son ásperas.

En lo político también habló claro la embajadora norteamericana. No con el calor que produce el yodo, sino con el ligero frescor que da el alcohol de baja intensidad.

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