Los feminicidios

Editorial

Los feminicidios no se van a acabar por decretos, ni actos de protesta, sino por un estudio profundo de las causas que lo originan. En la mayoría de los casos los hombres que matan a sus compañeras o excompañeras se suicidan. Por lo tanto, mayores  penas correccionales  no es la solución.

La percepción es que hoy hay más crímenes sentimentales que nunca, aunque los estimados de la Procuraduría General de la República es de que son pocos. Lo importante no es el número, sino que hay que detener esta sangre que preocupa  a la familia.

Lo difícil de poder controlar los feminicidios, es que se trata de un crimen que se origina en un cuatro familiar-privado. Por consiguiente, es difícil tomar medidas tradicionales de prevención. Se da el caso, que en la misma familia, la violencia soterrada no la conocen nadie, solo la víctima y el victimario.

También hay fragilidades de las autoridades. Muchas mujeres ponen la querella de la violencia de sus compañeros, y no se actúa en la tarea de la protección.  Deben revisarse los acuerdos que ponen en libertad a un abusador, que termina matando y suicidándose.

El primer paso tiene que ser edificar  una política de plena protección  para las mujeres en  peligro. Además, hay que ir pensando en donde queda la familia cuando una mujer es agredida y el marido trancado. Se destruye totalmente.

Hay que darle un tratamiento especial y adecuarla de nuevo en la sociedad. Salvar  a esas familias destruidas  por la agresión física del hombre hacia su compañera. La frustración de los hijos es un signo de desadaptación social, que hay que corregir a tiempo, para sacarlos de la exclusión.

No se van a acabar los feminicidios, sino se comienza a trabajar  con los bebes, en las escuelas de párvulos. Es que los niños respeten a sus compañeritas. Y de ahí ir subiendo la predica de acuerdo con la edad de los protagonistas.

Si hay una educación básica de respeto a la vida y a la convivencia, los feminicidios podrían  descender en una generación. Temo que mientras esté en pie la cultura machista y de la violencia familiar, nadie parará la sangre derramada en el corazón de los hogares dominicanos.

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