Apocalipsis presente

EDITORIAL

Trosky y la Bíblia no tienen nada en común. Salvo que se utilicen en un discurso de rompimiento. Trosky como si fuera un carnicero político y  el recordatorio de que Jehová es mi Pastor. Hace tiempo un verdi-negro que cambió la lucha armada, por los votos.

Comienza el camino en la recomposición de las fuerzas políticas nacionales. Se termina con el bipartidismo, y se estudian las alianzas. Se abre el sendero de la segunda vuelta electoral y la incertidumbre en unos comicios a futuro luego de los problemas de las primarias.

La división en el Partido de la Liberación Dominicana estaba en el tapete desde hace mucho tiempo. Pudo pasar con la lucha por la NO reelección, pero fue en las primarias que estalló.

Ahora tienen que hacer nuevos cálculos sobre alianzas y militancia. Ya no se va a discutir por unas primarias internas, sino por las elecciones presidenciales. Antes estarán las municipales, donde se podrá exhibir músculos con tratar de ganar alcaldías y regidurías.

Ahora solo hay números de militantes internos, pero la lucha tiene que ir al corazón del pueblo, y será entre tres candidatos fuertes. El Estado tiene una ventaja; es difícil poder derrotar al gobierno, aunque ya hay precedentes en el país.

Es demasiado temprano para determinar fuerzas y favoritismo popular. La lucha a pena comienza. Es bueno recordar que no son suficientes los votos de un partido para ganar unas elecciones nacionales.

Se tiene que llevar el mensaje al corazón del pueblo, conseguir el apoyo de los empresarios, los profesionales, los chiriperos y la gran mayoría silenciosa.

En el mundo político dominicano no hay ideología pendiente. Es la lucha ciega y activa por el poder. Hay que ver los músculos que se presenten de aquí en adelante. Será una lucha sin cuartel, sin márgenes de tropezones.

Lo que no pueden olvidar los tres candidatos es que en política los amigos y los enemigos son circunstanciales. En una segunda vuelta, uno le dará la victoria a quien quiera. Siempre hay que guardar pruritos para poder tender la mano a un enemigo que puede ser aliado coyuntural en un momento de crisis.

Trosky se confió en que era el heredero político de Lenin, en base a que fue el forjador del ejército rojo y estandarte de la clase obrera, pero la historia de la revolución roja  se escribió bajo el sable de Stalin. Nada está escrito cuando se desatan las furias de las divisiones.

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