Leonel Fernández el narrador omnisciente

Por Tomás Gómez Bueno

Una gran parte de la población aquí en nuestro país desconoce que muy pocas horas después de concluido cualquier proceso electoral, sin que necesariamente se haya terminado de contar los votos, los líderes principales de cada partido tienen pleno conocimiento de cuál ha sido el real resultado de las votaciones. Estos líderes saben si ganaron o perdieron.

Esto así porque nadie más que ellos tienen interés en conocer estos resultados, y el centro de cómputos de cada participante con posibilidades de ganar, especialmente en las elecciones presidenciales, crean los mecanismos para enterarse en el menor tiempo posible del resultado preliminar del certamen.

Los sondeos previos que el equipo de Leonel Fernández había ordenado no le daban la holgada ventaja con la que se hacía aparecer en las encuestas. En el interior de su equipo se conocían números que arrojaban resultados tan cerrados que la derrota era una posibilidad previsible, y lejos de lo que se piensa, Leonel tenía un plan en dirección de revertir a base de triquiñuelas una posible derrota.

Este conocimiento anticipado de los resultados, vías las copias de las actas que reciben los delegados fue lo que llevó a Leonel a presentarse en televisión antes de que concluyera el conteo. Eso lo motivó a traer por los moños al fantasma del algoritmo.

Él ya tenía una idea de que el conteo de su equipo de cómputos no le estaba dando avisos muy halagüeños y   reaccionó sin mayor espera.

Rápidamente estaba frente a las pantallas manejando con su conocida habilidad retorica la presencia de un difuso algoritmo que, de una forma nunca bien explicada, le quitaba votos a él y se lo ponía a Gonzalo Castillo, su candidato rival.

Ahí comenzó todo un drama de ficción política narrativa en el que cada episodio traía unas situaciones distintas con nuevos elementos.

El episódico relato pos-electoral que a los dominicanos nos gusta llamarle pataleo, respondía a la técnica de una telenovela (un culebrón) que iba superponiendo dramas encadenados de manera expectantes hasta llegar a un desenlace definitivo.

Pero la política no es ficción narrativa para recrear el mundo y pintarlo al antojo de nuestro ingenio. La sustancia de la política tiene que responder a su propia realidad, aunque esta sea dura, adversa y por momentos difícil de admitir.

Los sofismas tecnológicos, la sapiencia libresca de Leonel, alimentada por acólitos alucinados por el poder y la fortuna, desbordaron los delirios de vanidad y grandeza del líder.

Tan desbordado fue el delirio que se llegó al extremo de convocar manifestaciones y arengar una deslucida e inoportuna multitud de seguidores suyos con una posible alzada revolucionaria como forma de dignificar la política y defender la democracia, mancilladas esta vez, según él, por la comisión de un fraude del que hasta la fecha no ha presentado la primera prueba.

El delirio, creerse mesías y redentor de masas, es buen ingrediente para sustanciar la ficción, y Leonel como narrador y genio de esta novela post electoral, respondiendo al manejo de la técnica narrativa, se colocó en la posición del narrador omnisciente, el que lo sabe todo, piensa por todos y revela todas las interioridades posibles, de modo que todos elementos converjan a la urdimbre de su trama.

Así para recrear la fantasía el algoritmo entró en la trama, pero al argumento le faltaba carne,  y la personificaron en un joven dominicano, a quien rápidamente hubo que sacar del escenario porque descuadraba el tráiler.

La presencia de este experto en redes demandaba pruebas, un elemento que siempre ha estado ausente a lo largo de esta ficción. Los rusos y los hindúes son más abstractos e inaprensibles y el propósito de la obra no es probar nada, sino dilatar la dimensión fantástica de esta historia de pasión y espanto.

Entre los elementos claves   que ubicaban el lugar de las acciones estaban cuadrantes urbanos, hoteles y como artificios de referencia fuegos y robos de llaves criptográficas de interconexión de equipos.

El conteo manual solicitado con mucha fuerza e insistencia, cuando se procedió al mismo, el autor de la ficción consideró que le restaba magia y fantasía a la trama, por eso lo desestimó y buscó eliminarlo de   la obra.

La ficción perdía parte de su impacto fantástico con un conteo manual que se acercaba con demasiada exactitud a la realidad. Las aplicaciones de las ciencias exactas son incompatibles con las fantasías novelescas.

Este aventurado pataleo sin pruebas y lleno de ficciones inverosímiles lo que están haciendo es prologar una agonía que tiene la  retirada de Leonel  del PLD como su desenlace inevitable.

Por eso, mientras más inconsistentes son los argumentos de su pataleo post electoral, más prologando y traumático serán los dolores de su derrota, y más le restan al buen desempeño que, a pesar de todo, logró tener en estas pasadas primarias.

Para fortuna de todos,  ya sabemos que, además de un político avezado y competente, tenemos un diestro narrador de ficción que puede mantenernos en tensión con la trama de una obra, a pesar de que todos sepamos el final.

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