Tu viaje al sur en transporte público podría terminar en unos matorrales avanzada la noche

Una de las cosas que cuesta entender es la forma en cómo se manejan los sindicatos del transporte en la región sur. Son decisiones que al parecer no se han detenido a analizar cuánto les perjudica, porque cuando usted vive de vender huevos y mata las gallinas que los ponen, usted está conspirando contra sí mismo.

Cuando extrapolamos el ejemplo de las gallinas de los huevos al sector transporte nos referimos al mal trato a los pasajeros de la región sur.

El engaño, la desconsideración, las burlas y la falta de sentido humano están presentes en cada autobús del trasporte público, sin medir las consecuencias que eso podría derivar en perjuicio de la región.

Son numerosas las quejas de pasajeros que abordan esos autobuses con frecuencia.

El periodista Norberto Montero narra que una señora abordó una guagua de Hondo Valle con destino a San Juan de la Maguana la tarde del sábado 12 de octubre, quien al llegar a la estación preguntó que si esa era una guagua de la ruta de “El Valle”, a lo que ellos respondieron que sí procediendo a montar a la señora con la promesa de que la dejarían en el lugar que ella indicó.

Al llegar a su destino la señora pide al conductor del autobús que la deje, a lo que ellos respondieron que no la podían dejar ahí porque estaba prohibido por el sindicato y que le ponían una multa o les agredían si dejaban pasajeros en ese lugar.

En medio de burlas y humillaciones a la señora, en el sentido de que el mismo que la montó en el bus le preguntaba ¿quién le dijo que abordara?, “usted se montó sola, porque no fui yo”, el viaje de la señora terminó en unos matorrales, a espera de otro vehículo del transporte público que la retornara a su destino, sin saber si tenía pasaje para regresar llena de maletas pasadas las seis de la tarde.

El bus continuó, hacia Hondo Valle, con pasajeros que iban a El Cercado dentro de los cuales se encontraba la persona que narró los hechos, a quienes también dejó en unos matorrales para que llegaran al pueblo caminando dos kilómetros cargados de maletas en medio de la oscuridad, bajo el riesgo de ser asaltados por desaprensivos en horas de la noche.

Estos últimos también fueron subieron al autobús con la promesa de llevarlos a su destino.

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