Jueces y políticos

Editorial

La recusación a cinco jueces de la Suprema Corte de Justicia, en relación con el expediente  Odebrecht, sienta un precedente de cómo funciona el estamento líder encargado de aplicar sanciones, o ratificar la inocencia de los encartados.

Una de las conclusiones del pleno de la Suprema fue que un juez tiene derecho a  tener una ideología y hasta de conservar simpatías políticas, siempre que sean personales y pasivas.

De esa forma, se evitó una recusación al presidente de la Suprema, Luis Henry Molina, quien había desempeñado funciones de jefe de campaña o asesor de Tommy Galán, en las pasadas elecciones congresuales en San Cristóbal.

Luego de su elección, Henry Molina presentó renuncia del Partido de la Liberación Dominicana, por lo que su pasado político no era un secreto para nadie. Si ahora se tomó en cuenta en lo que se puede interpretar como un choque de funciones, es por las implicaciones del caso Odebrecht.

Vamos a ser realistas, en la República Dominicana no hay un  magistrado de las Altas Cortes, de la Junta Central Electoral o de la Cámara de Cuentas, que no tenga militancia partidista.

Es más, sino se tiene  algún tipo de ligazón política, no llega a la posición.

Hay partidos políticos y hay organizaciones que se dicen apartidistas que también tienen su cuota en las selecciones, como es la mal llamada sociedad civil.

Siempre es cuestionable a los que quieren jugar a políticos, sin meter los pies en medio del agua. Rechazan las diabluras de la política, pero si se satisfacen con sus bondades.

Nadie se puede horrorizar por el pasado político de un magistrado. Nada lo prohíbe en la República Dominicana.

Lo que no se puede permitir es que luego de ser juramentado un juez utilice la posición para beneficio de un grupo político determinado.

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