Espacios públicos

EDITORIAL

Los espacios públicos no tienen un protector. Hay violaciones constantes a las  áreas verdes, aceras, calles, ruidos innecesarios y lanzamiento y no recogida de desperdicios.

Para una gran parte de la ciudadanía lo importante son los aspectos partidistas, mientras son abandonadas áreas  que son vitales para que la comunidad tenga vida y buen vivir. Los ayuntamientos actúan con irresponsabilidad y no protegen nada.

Se ven como problemas sin mayor trascendencia, cuando se habla de que las aceras son tomadas por los carros, o que irresponsables montan un juego de domino con una algarabía permanente. Los colmados de los barrios ponen los equipos de sonido a todo volumen  desde la mañana hasta la madrugada.

Pero no solo es en las barriadas tradicionales, sino que la irresponsabilidad ha llegado a las zonas residenciales. En el corazón urbano de Santo Domingo los colmados colocan a todo volumen la música en los equipos de sonido más los talleres impiden el paso por la acera.

En las zonas exclusivas, los vehículos de los visitantes son colocados sobre las aceras, por lo que los peatones, niños y ancianos, se tienen que tirar a las calles para poder caminar aun a riesgo de ser atropellados.

Los vehículos de la policía encargados de mantener el orden pasan constantemente por estos sectores, pero da la impresión de que ellos se han acostumbrado al desorden y no le llaman la atención a los violadores de la ley.

Cierto que para muchos hay cosas más importantes que la protección del medio ambiente, la defensa de los espacios públicos y el control de los ruidos, pero si el ciudadano no tiene tranquilidad y sosiego, se le hace difícil en medio de la tensión, poder hacer trabajos mayores.

Hay que educar a la población. En ocasiones en zonas residenciales se lanza la basura en las cunetas, o no se respetan los horarios de recogida de los camiones.

La ciudad nos pertenece a todos, y la lucha para hacerla  libre de obstáculos para la convivencia, nos incumbe a todos. Si fallamos en mantener limpia y fresca la ciudad, entonces todos sufriremos las consecuencias.

Al parecer a nadie le importa la tranquilidad del ciudadano, vivimos en un conglomerado donde se va imponiendo la ley de los irresponsables, del más fuerte, del que no le importa nada. Se acorrala al ciudadano, que impotente lo único que le queda es refugiarse en la desesperanza.

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