El laberinto de la JCE

Editorial

La Junta Central Electoral tiene que salir de su laberinto. Sus pasos parecen estar en un círculo que todavía tiene escapatoria. Lo primero es que sepan manejar  las sonrisas y las buenas caras, síntoma de que se quiere agradar a todos. Esto es virtualmente  imposible.

Un juez habla por resoluciones y sentencias. En materia electoral la Junta tiene que aplicar acciones directas, no para congraciarse con los partidos grandes y algunos pequeños.

No se olvide que es tradición en todas las administraciones de la JCE pecar de ser aliados de partidos políticos.

La mejor prueba es que de los titulares de la pasada administración  del organismo electoral, la mayoría hoy está militando en partidos políticos.

Es de suponer que si ahora  son activistas partidarios, en sus corazones  de cabecillas del sistema electoral estaban presentes los líderes que siguen en estos momentos.

Se torna difícil poder orquestar una Junta Electoral libre e independiente. El primer escollo es en la labor de selección. Todos los aspirantes vienen de litorales políticos o sociales. Si no los impulsa   un líder, entonces   son punta de lanza de la mal llamada sociedad civil.

Es la historia eterna de todas las administraciones de la Junta Central Electoral. La presente va con piernas lentas, y más de un chusco dice que con pies  de gelatina, temblorosos, difíciles de poder mantenerse en la marcha de los acontecimientos.

Los miembros del tribunal no están para complacencias, sino para actuaciones y defender el derecho a la libre votación de los dominicanos.

No les puede temblar el pulso al momento de tomar decisiones. Ya existen los mecanismos constitucionales para la apelación legal. Si  un partido no está de acuerdo con una decisión de la JCE, que la lleve al Tribunal Constitucional o al Tribunal Superior Electoral.

En materia electoral, de lo que se trata es de aplicar los reglamentos, hacer valer la ley y la Constitución. Lo demás es faltar a la responsabilidad. La JCE no tiene que buscar apoyo para aplicar una resolución. El pleno debe sopesar las medidas a tomar, y actuar de acuerdo a su conciencia y el bienestar de los votantes.

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