Se nos muere el río Yaguasa

EDITORIAL

El agua es vida, eso está más que demostrado, sin ella no es posible la vida, pero aun siendo así tal parece que esto poco les importa a las autoridades, principalmente al Ministerio de Medio Ambiente.

Decimos esto con la indignación que nos embarga cada vez que observamos como una fuente acuífera se muere por falta de supervisión de las autoridades competentes.

Hasta hace poco, el río Yaguasa era lo único que le quedaba a Santo Domingo Norte. Sus aguas cristalinas se deslizaban sigilosas por aquellas escamas de finas y limpias arenas, donde los moradores de comunidades como Mata San Juan, Cercadillo, Los Casabes, Mata Los Indios y otras zonas rurales aledañas se bañaban y lavaban sus ropas.

Sus aguas eran un deleite, porque no solo allí se lavaba, sino que ante la falta de acueductos en esas comunidades de Villa Mella, temprano en la mañana llenaban sus vasijas y la usaban para tomar.

Sus grandes follajes de árboles se combinaban en su resplandeciente verdor en una especie de túnel que se extendía por todo lo largo del río Yaguasa, como si escondieran sus aguas de la mano del castigador depredador.

Hoy el río Yaguasa agoniza, sus arenas ya no están, sus aguas ya no son cristalinas, no le sirven a los comunitarios de la zona ni para bañar a los caballos. La contaminación propiciada por el depredador lo mató.

Medio Ambiente, el ayuntamiento Santo Domingo Norte, la ambición de los dueños de constructoras y la falta de conciencia de los desarropados que construyen sus casuchas en su rivera, se confabularon para que hoy añoremos aquel afluente  que en vida se llamó el río Yaguasa.

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