Sin relevos a la vista

Editorial

Los grandes caudillos políticos dominicanos del siglo 20 no dejaron herederos. No hicieron la transición. Los venció la edad y el peso de las enfermedades.

En política también se cumple la regla biológica de que nada es para siempre. Se nace, se desarrolla y se muere. Los movimientos partidistas de la segunda parte del siglo 20 dejaron agrupaciones que también surgieron y desaparecieron.

Tres grandes nombres marcaron la vida política nacional, desde la muerte de Trujillo. El acontecer nacional fue movido por Juan Bosch, José Francisco Peña Gómez y Joaquín Balaguer. Bosch gobernó por un puñado de meses, Peña Gómez no pasó de candidato y Balaguer se mudó 22 años en el Palacio Nacional.

Las ideas de Bosch sobre la política como una ciencia digna se la llevó el viento. En su aplicación práctica no se pudo concretizar. De Peña Gómez ninguno de sus seguidores tuvo la fuerza suficiente en sus hombros para impulsar los postulados  de la llamada voz nacionalista y revolucionaria.

Pero las cosas del destino. Tan rechazado y combatido en sus doce años de terror, el doctor Balaguer se eternizó por siempre en la vida política nacional. Hoy todos los partidos siguen su cartilla de subsistencia en el poder.

La reelección, el clientelismo, los sobornos, la compra de aliados, todos conforman parte de la línea de trabajo de Balaguer.

Las ideas del viejo residente de la avenida Máximo Gómez son punta de lanza en los dos partidos que más lo combatieron, el Revolucionario Dominicano y el de la Liberación Dominicana.

En estas elecciones no puede haber relevos. No han surgido las figuras que puedan aspirar a tener una principal trascendencia en la vida política. Hay dos o tres que tienen posibilidades para dentro de cuatro años, pero ahora su mejor camino es  comprender que no les ha llegado el momento.

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