El dedo y el arrastre

EDITORIAL

El arrastre es una  aberración política, pero en lo  fundamental no es el principal problema electoral dominicano. La acción del dedo, cuando   un cacique partidario señala a un simpatizante para ocupar un cargo, es lo peor que puede pasar.

No hay democracia interna en los partidos y son los cabezas de grupo los que llenan las cuotas que le otorgan los organismos superiores. Poco importa que un militante tenga méritos o que sea trabajador, si no está bajo el brazo de un mandamás no va a ninguna parte.

El arrastre y las cuotas es un mal, porque personas sin ningún valor pueden ser candidatos  al estar en un paquete. Es una distorsión política que se debe arreglar de inmediato. El pueblo debe votar directamente por su diputado, senador síndico y regidor, y no envuelto en un paquete donde solo un nombre es el que acciona.

El arrastre tiene que ser controlado, pero en las cuotas hay un desborde. No soy partidarios de cuotas, sino de libertad y respeto para los que tienen liderazgo. Ni la mujer, ni la juventud, ni los ancianos, ni los viejos robles deben tener cuotas. Cada quien se tiene que fajar de igual a igual, para alcanzar posiciones.

Hay jóvenes y mujeres valiosos que puedan conseguir cualquier cargo en base a  su trabajo y su carisma, pero otros se orillan en las cuotas y desde allí transitan amparados en una muleta. Odioso y una muestra del canibalismo partidario.

Pero las cuotas tampoco se corresponden con la verdad democrática. El jefe de tendencias pone a la mujer o al joven de su preferencia para rellenar el hueco de la cuota. Lo que la Junta Central Electoral tiene que legislar es para acabar con la acción del dedo, que es el norte a seguir en la política criolla.

Los partidos deben reverdecer la democracia interna, para que sean participativos en  las primarias y no un verdadero matadero electoral. Se está llegando en el país al nivel de que para aspirar a un cargo público hay que tener millones de pesos y hasta de dólares dispuestos a ser tirados a la garata con puño.

No puede un líder político hablar de florecimiento de la democracia, cuando tiene sometido a su puño el ascenso de sus seguidores. Las cuotas y el dedo son dos de las grandes muestras de prepotencia, aplastamiento y dictadura que florece en los partidos políticos  dominicanos que ya debe desaparecer.

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