Renacer de la esperanza

EDITORIAL

Las ideologías ya fueron enterradas en el país, por lo que se necesita el renacer de las esperanzas para hacer frente a las grandes necesidades nacionales. La política dejó de ser un sacerdocio, para convertirse en el botín que todos codician.

Es la hora de que renazca el sentimiento de lucha por un mundo mejor. Esa senda la perdieron los que lucharon, y los idealistas. Parecería que Don Dinero se ha adueñado de todos los estamentos de la vida nacional, lo que es una triste realidad.

Los partidos  políticos de hoy no tienen ni la fuerza, ni la voluntad,  necesarias para llevar a cabo un gran encuentro nacional por el desarrollo. Buscan sus particularidades y sus beneficios que pueden ser personales.

Sin embargo, es necesario que se dé un gran encuentro de unidad nacional. Allí se pueden buscar soluciones a los males nacionales. Los problemas del país no pueden ser solucionados en forma aislada ni por un líder ni por un partido. Tiene que haber una voluntad general para hacer frente a la crisis.

Los problemas personales o grupales conspiran contra la idea de que se dé un acuerdo nacional. Sea desde el gobierno o de la tímida oposición, cada cual considera que tiene la fuerza suficiente para dirigir la  lucha por reivindicaciones. Pero nunca están de por medio defender  las necesidades nacionales, sino buscar los beneficios personales.

Para lograr avanzar en el desarrollo, las grandes naciones han tenido que hacer pactos, acuerdos, y buscar salidas colectivas. En una mesa de dialogo se deben incluir los trabajadores, los chiriperos, los empresarios, los políticos y otros sectores representativos.

Individualmente nadie puede ser un mesías que aportará soluciones globales a males que vienen arrastrándose desde hace años, y los cuales no tienen solución  a la mano. Hay que hacer renacer la esperanza de un mundo mejor, a pesar de que la pugna por el poder solo hace a muchos  pensar en beneficios personales y grupales.

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