Un llamado a los peledeístas

Por Claudio Caamaño Vélez

Cuando Napoleón entró a Moscú en septiembre de 1812, solo encontró cenizas, y en lugar de conquistarla, tuvo que retirarse con el rabo entre las piernas. A veces para salvar un país hay que sacrificar su principal ciudad.

Hermann Hesse nos dice: “quien quiera nacer, tiene que destruir un mundo”. La biblia habla de la muerte del grano para que dé frutos. Los taínos quemaban la tierra para eliminar las malezas y luego sembrar en suelo fértil.

Es innegable: se requieren sacrificios para mejorar o sobrevivir.

El Partido de la Liberación Dominicana surgió para acabar con la corrupción, la impunidad y el abuso de poder. Para liberar nuestro país de los males que nos atan al subdesarrollo. Pero así como el oro sedujo a Judas, las mieles del poder hicieron que algunos discípulos de Bosch desviaran el camino, y apandillados secuestraron esa noble organización, hasta convertirla en una maquinaria perfeccionada de robo e impunidad.

La mayoría de quienes con su sudor construyeron ese partido, miran con impotencia como aquellos que una vez fueron sus compañeros mancillan el ejemplo de su líder fundador. Algunos han renunciado, otros han decido luchar desde dentro. Una pelea desigual, pues no es fácil, en un país pobre, combatir el clientelismo.

Para rescatar al PDL es necesario que pasen algunos períodos fuera del poder. Que las sanguijuelas abandonen ese cuerpo al no tener sangre para chupar; que las ratas salgan de esa casa víctimas de la inanición. Así quedarán las personas de principios, y los verdaderos hijos de Bosch podrán reagruparse.

Las bases teóricas que tantas horas de estudios costaron, están ahí, al igual que la férrea disciplina; lo que falta es sacar a los perversos, que si bien son minoría, han secuestrado ese partido: mediante el engaño primero, mediante el dinero después.

“Servir al partido para servir al pueblo”… El mejor servicio que los verdaderos peledeístas pueden hacer a esa organización es sacarla del poder. Para iniciar un proceso de recuperación de los valores originarios.

Adelante peledeístas, aun están a tiempo, y que tanto estudio y tanto caminar no se pierda en los bolsillos de unos pocos. Por la memoria de Juan Bosch, por el fortalecimiento de la democracia, por el bienestar del país.

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