La mano amiga que no llega

Por Olga Capellán

A principios de los años 60 fue cuando se inició la emigración dominicana hacia diversos países, hacia Puerto Rico, Estados Unidos, Curazao, Venezuela y unos que otros a España, Paris y Francia, siendo este último país el gran orgullo para mucho, ya que fuera de Guillermo Rubirosa que a principios de la década de los 50, en gran mayoría venían estos ciudadanos por estudios en la Universidad parisiense de la Sorbona, donde también realizo estudios el Dr. José Francisco Peña Gómez.

En la década de los 70 fue cuando la estampida de los dominicanos comenzó a florecer, pues estos salían al extranjero en busca de mejor vida y otros lo hacían con la finalidad de escapar a la dictadura del Dr. Joaquín Balaguer, ya que aunque estaba caracterizado como un gobierno democrático, este gobernaba con mano férrea.

Los dominicanos podían viajar casi a toda parte del mundo sin visa, solo que el costo era muy elevado y por ello solo viajaban aquellos que perteneciendo a una determinada clase social podían permitir ese lujo, los dominicanos eran visto con buenos ojos casi en toda parte y cuando ya estaban los Estados Unidos minados de estos ciudadanos, las mujeres comenzaron a descubrir a Europa, recibiendo contratos de trabajo como bailarinas, aunque muchas de ellas se dedicaban al ejercicio de la prostitución, cuando de pronto cambiaron las reglas del juego, exigiendo visas de entrada.

Pero el dominicano se la ingeniaba porque era un trabajador por excelencia, y con su trabajo tesonero comenzaron aportar recursos económicos para ayudar al sustento familiar, y así se fomentó una entrada de divisa al país para fortalecer el Producto Interno Bruto de la nación.

Hoy día y aunque la diáspora dominicana envía al país unos 5 mil millones de dólares anual para el sustento familiar, convertido en el tercer renglón de la economía nacional, no se le toma en cuenta debidamente.

Sin embargo, esta condición no ha sido suficiente para ser merecedora de las atenciones debidamente como colectivo integral ciudadano del país que lucha por la supervivencia en tierras lejanas, buscando la mano amiga que le restituya sus aportes en momento que esta entra en situación difícil como ente social.

Los dominicanos en Europa pasan en este momento por una terrible situación, sobre todo en España, país que solo trata de levantarse, luego de pasar más de 10 años de crisis económica, que obligó no solo a pasar vicisitudes, sino también a buscar nuevos horizontes como medio de vida para no sucumbir ante tal problema.

Muchos dominicanos aprovecharon sus condiciones de la doble nacionalidad para emigrar a otras naciones del norte, centro de Europa, como garantía de que ya eran ciudadanos comunitarios, o simplemente tuvieron que regresar al país totalmente derrotados, sin recursos y sin medios de subsistencia, es decir: sin un regreso digno como lo ansían la mayoría de los emigrantes de cualquier país del mundo.

Pero existe una clase de emigrantes que no se mueve de a donde llegó, aquellos que no tienen muchas posibilidades, la falta de destreza y otros conocimientos les obligan a mantenerse estáticos, a permanecer en ese lugar sin buscar alternativas, siendo ellos los dominicanos mayormente azotados por la crisis económica que afecta a España desde hace más de 10 años, es por ello que han centrado sus esperanzas en las instituciones gubernamentales que han sido creadas para tales fines.

El dominicano un trabajador por excelencia ha visto su esperanza desfallecer en territorio lejano, al no poder ganarse el sustento familiar, situación que se convierte en un sin números de dificultades y frustraciones, muchos de los cuales decidieron regresar a su país cargado solo de vergüenza al no poder regresar a su patria con recursos, y desde allí emprender un nuevo rumbo de vida.

Dominicanos en España centran su esperanza en nuevas instituciones de socorros

Más de dos millones y medio de dominicanos residen en el extranjero, la gran mayoría en Los Estados Unidos de Norteamérica, seguido por Europa, siendo España el país de mayor receptividad de los conciudadanos, y uno de los países más pobres de los que conforman la Unión Europea, solo por debajo se encuentran: Rumanía, Gracia y Portugal, y los tres que conforman el área balcánica o de Europa del Este.

La población dominicana en España se calcula en unos 300 mil ciudadanos, incluyendo aquellos que se encuentran de manera irregular, pero esta nación europea es la más sobrecarga de inmigrantes, tanto de Latinoamérica por su afinidad colonial y lengua, así como de ciudadanos africanos por la cercanía territorial, además de la estampida que llegó con la frontera abierta desde Europa del Este, y los de la Unión Europea son comunitarios.

Retomando el tema de la problemática dominicana en España, país que no acaba de salir de su crisis económica por la que atraviesa, el Colectivo Dominicano viene pasando por determinada situación, producto de la crisis misma, es por ello que fijó su esperanza en las instituciones gubernamentales como mano amiga, muchos temen regresar al país con un futuro incierto, aunque ya de hecho muchos han regresado, pero sin el cumplido de un regreso digno que le han prometido ciertos políticos en tiempo electorales.

Está comunidad no está encima de ningunas de las instituciones gubernamentales, porque en su mayoría estas no ayudan a sus ciudadanos, ni siquiera en los más terribles momentos, los diputados de ultramar prometieron cambiar el panorama, pero todo sigue igual, el único que cambió fue el panorama de ellos, fue por ello la creación desde el Estado de nuevas instituciones para velar por la problemática de nuestros compatriotas, así que todos los sectores involucrados en estos organismos estamos compelidos, no solo en ayudar, sino también a enseñar la mano amiga que aún no acaba por llegar.

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