Paros, Constitución y  anarquía

EDITORIAL

Las variables  económicas y sociales que padecen los dominicanos pueden ser levantadas cono punta de lanza por quien desee hacer carrera política.

En ocasiones no pasan de fanfarrias y demagogia, en otras  de movimientos levantiscos y en la minoría disertaciones de   personalidades bien intencionadas.

Por derecho constitucional todos los dominicanos tienen derecho a la protesta, hasta realizar paros y huelgas, siempre que sean dentro del marco de la ley, sin utilización de la violencia.

Por desgracia, siempre que hay un paro de labores corre la sangre y una familia se viste de luto.

Un paro  en las provincias del Cibao logró dar una demostración de fuerzas. Los organizadores no tuvieron la autoridad  o la diligencia suficiente para evitar la ocurrencia de actos de violencia.

La anarquía de pichones de agitadores callejeros no debe ser un recurso valido para las protestas.

Cuando se convoca a un paro hay que tener la responsabilidad ciudadana de comprender que se tiene que respetar al que está en la acera de enfrente.

Un paro donde se queman gomas, se presiona a comerciantes para que cierren las puertas, no se puede decir que cuenta con respaldo popular. Las demandas pueden ser justas,  pero los métodos no son válidos.

El país necesita líderes comunitarios y populares  responsables, que comprendan el valor de la disidencia y de la protesta llegando a sus máximas  consecuencias que son los paros. Ahora mismo no hay liderazgo que pueda tener control de esos movimientos.

Pero no son bandoleros ni delincuentes los que organizan y participan en los paros. Sus movimientos comunitarios tienen espacios limitados y poco timonel de mando, lo que permite que salgan encapuchados y jóvenes que son buscadores de problemas, a anarquizar y desacreditar una causa justa.

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